Vejez con voz propia: entrenar la mente, habilitar la palabra

Cada uno de nuestros encuentros semanales de entrenamiento cognitivo es distinto. A veces usamos cartas, otras veces canciones, videos, cuentos, pinturas… hasta olores. Siempre con el mismo objetivo: entrenar y fortalecer funciones cognitivas como el lenguaje, la fluidez verbal, la creatividad, la autoestima y el pensamiento simbólico, esas que mantienen nuestro cerebro vivo, curioso y en movimiento.

Cada actividad la pensamos en base a una temática y especialmente para el grupo que tenemos delante, con sus ritmos, historias, necesidades y deseos.

En octubre, y aprovechando el clima electoral, realizamos un encuentro al que llamamos “A las urnas con humor”. Jugamos y reflexionamos sobre elecciones cotidianas: esas decisiones invisibles que tomamos sin urnas ni campañas, cuando elegimos qué recordar, qué gesto repetir, qué palabra usar o qué deseo sostener.

Al finalizar, propusimos una tarea que buscaba ir un poco más allá: escribir una Ley. Una Ley propia, nacida de la experiencia y la voz de cada una. Un ejercicio para resignificar la vejez desde adentro, desde el propio decir.

Así fue cuando Marta, de 87 años, nos compartió su propuesta. Hace siete meses que viene a los grupos de SER. Es de pocas palabras, pero cada una vale oro. Tiene un compromiso social que atraviesa todo lo que toca y un corazón inmenso. Con su voz bajita pero clara, nos leyó su producción:

Ley N° 1100: “Derecho a ser escuchado, a la identidad y a la libertad en la vejez”.
Art. 1. Cualquier persona adulta mayor tiene derecho a decidir con quién vivir, salvo que su estado físico y mental corra riesgo de vida; en ese caso debe intervenir la justicia.
Art. 2. El Estado deberá promover espacios culturales, deportivos y sociales que fomenten la participación de las personas mayores.
Art. 3. Si estos derechos no se cumplen o se omiten, se sancionará con el peso de la ley.

Ese papelito escrito a mano, sobre una receta médica, con letra prolija y firme, nos recordó algo esencial: la vejez también es un espacio de creación, de expresión y de afirmación. Cuando hay un entorno que acompaña, escucha y habilita, aparecen cosas increíbles.

Eso hacemos en SER: espacios donde las personas mayores pueden entrenar su mente, sí, pero también nombrar lo que sienten, lo que quieren y lo que sueñan. Donde la palabra propia tiene lugar, valor y resonancia.

Y cada día, en cada taller, confirmamos que la autonomía, la voz y el deseo no tienen edad.